
Ayer sábado me compré "Mémoires de Charlotte Corday. Écrits dans les jours qui précédèrent son exécution". (Memorias de Charlotte Corday. Escritas en los días precedentes a su ejecución.), de Catherine Decours, Plon, 2009. Por supuesto, es una novela, basada en una rigurosa investigación histórica, no sólo en los archivos sino en entrevistas a descendientes de la gran Charlotte, asi como de los personajes que la conocieron.
El libro tiene un exergo a manera de dedicatoria, " a esa que quizás no fue un modelo, pero que constituye un ejemplo". El de la verdadera heroína.
(A lo que me referiré a continuación, no es producto de la imaginación de la autora del libro sino los hechos históricos per se.)
No sabía yo que el pintor David, además de firmar sentencias de muerte, se encargó de verificar, ayudado, desde luego, por un doctor, la virginidad del cuerpo sin cabeza de Charlotte, tras el aguillotinamiento, pues se sabe que para las revolucionarios la moral es cosa muy importante. Decepción para David, y sus acólitos jacobinos que esperaban por su informe: la doncella Corday murió virgen.
Confieso que me esperaba de David, comisario político sediento de sangre, cualquier cosa menos ésta. Sospecho que él fue quien propuso investigarle la virginidad al cadáver, dado su talento propagandístico. Pero que estuviera junto al doctor, dirigiendo a éste...No podía ni siquiera justificarlo un interés anatómico, en tanto pintor, pues mucho sabía del asunto, previamente. Su único motivo, ya que era "artista", y artista, y grande, malgré, era demostrar ser más "revolucionario" que sus colegas estrictamente políticos, non-artistas.
Por cierto, quien único intentó salvar a Charlotte Corday de la guillotina fue Montané, acusador público, al proponer en el proceso el sustituir la cuestión para los jurados de si ella "tuvo intenciones criminales y contrarrevolucionarias" " por "intenciones criminales y premeditadas". Puesto que la denominación de "contrarrevolucionaria" era sinónimo de la pena de muerte. El caballeroso Montané no tuvo éxito. Más aún, fue enviado a prisión por su intento.
Cuando Charlotte Corday, descendiente de Corneille, recorría las calles de París en la carreta, desde la Concergierie, con sus hermosos cabellos largos cortados ya, preparado el cuello para la cuchilla, tuvo de súbito un enamorado que cayó rendido a sus pies. Tanto, que le costó a su vez el ser guillotinado días después.
Pero Charlotte Corday era una verdadera heroína.
Tal fue el atractivo erótico que le encontró su enamorado repentino, mártir luego a su vez.
Corday había matado a Marat, como saben.
El enamorado en cuestión era un alemán, Adam Lux, representante de Mainz en Francia, y naturalmente, revolucionario.
Sólo que un día, poco antes, ciertamente, del apuñalamiento de Marat por Corday, Lux encontró que los jacobinos eran "culpables y criminales, tienen siempre en la boca las palabras de la República y de la virtud a las que sus conductas se oponen".
Entonces, cuando vió pasar a Charlotte, vestida con un ordinario blusón rojo, conducida por el verdugo Sanson, ella sola, camino de la plaza de la Revolución para ser guillotinada, el alemán escribió:
"He visto su inalterable dulzura en medio de los gritos bárbaros. Su mirada, tan tierna, tan penetrante, estallaba bajo sus bellos ojos en los que hablaba un alma tan suave como intrépida, ojos encantadores que hubiesen conmovido a las rocas. ¡Recuerdo único e inmortal! ¡La mirada de un ángel que penetró íntimamente mi corazón, llenándolo de emociones violentas que me eran desconocidas hasta entonces! (...) Con el fin que la tiranía se termine, en el mismo lugar de la muerte de la sublime Charlotte Corday, deberá haber una estatua suya con la inscripción: Más grande que Brutus."
Este admirador lírico de la heroína fue arrestado al día siguiente de su declaración amorosa, y guillotinado en breve.


