"La teoría del gobierno revolucionario es tan nueva como la revolución que lo ha instaurado. (En ese momento, sí, es el fundador de la plaga.) No hay que buscarla en los libros de los escritores políticos que no previeron esta revolución. (En efecto, y es tal desastre "mítico" el que hace que todavía uno se ocupe de la "Revolución" intelectualmente, debido además a sus consecuencias que últimamente se están renovando en el panorama concreto-político.) (...) El gobierno revolucionario necesita de una actividad extraordinaria, precisamente porque está en guerra. (Sin guerra constante, sin el fantasma de ésta, no hay revolución; se necesita de un enemigo externo, al mismo tiempo que "exportar" la revolución. Hasta una "islámica" como la iraní ha recurrido a ello.) La revolución es la guerra de la libertad contra sus enemigos."
"Bajo el régimen constitucional, es suficiente el proteger a los individuos del abuso del poder público. Bajo el régimen revolucionario, es el régimen constitucional por sí mismo quien está obligado a defenderse de todas las facciones que lo atacan." (Con ello, el autor de este discurso que estoy acotando entre paréntesis legitima el poder constitucional con el "revolucionario", otorgándole así a éste cualquier carta blanca para cualquier exceso.) El gobierno revolucionario le debe a los buenos ciudadanos toda la protección nacional; no le debe a los enemigos del pueblo sino la muerte".
"Estas nociones son suficientes para explicar el origen y la naturaleza de las leyes que nosotros llamamos revolucionarias. Esos que las llaman arbitrarias o tiránicas son sofistas estúpidos o perversos que buscan confundir a sus contrarios. (Ya, desde entonces, la denigración de los que piensan diferente y se resisten a lo que no es sino tiranía abyecta.) Si ellos invocan la ejecución literal de los preceptos constitucionales, es para mejor violarlos impunemente. (El atribuirle al otro lo que él mismo hace, táctica también fundadora.)
"Si el gobierno revolucionario debe ser más activo (o sea, sangriento y represivo) en su camino y más libre en sus movimientos que el gobierno ordinario (intento de justificación de los métodos dictatoriales), ¿es por ello menos justo o legítimo? No: él está apoyado por la más santa de todas las leyes: la salvación del pueblo". (En nombre del "pueblo", que sí es la santa invención de esta revolución, el "pueblo", entelequia que en realidad son los tiranos, cualquier crimen es permitido, y también, y en primer lugar, contra el mismo "pueblo".)
"Más grande es el poder del gobierno revolucionario, más su acción es libre y rápida. (...) Si el gobierno revolucionario no es secundado por la energía, por las luces, por el patriotismo y la benevolencia de todos los representantes del pueblo, ¿cómo tendría una fuerza de reacción proporcional a los esfuerzos de Europa que lo ataca, y de todos los enemigos de la libertad que presionan sobre él desde todas partes? ( O sea, si el "gobierno revolucionario" no es "avalado" -a la fuerza, desde luego-por todos, no puede "defenderse" sin mostrar piedad alguna. La "reacción proporcional" significan la "guerra revolucionaria" y el terror.)
"No sabemos sino odiar a los enemigos de la patria. No es sino que exterminándolos que responderemos a sus libelos. (El odio y la muerte como respuesta, siempre.) El Comité (de Salvación pública) se ha dado cuenta que la ley no es lo suficientemente rápida para castigar a los culpables. (...) Proponemos el autorizar al Comité a presentarles algunos cambios, que harán la acción de la justicia más propicia a la inocencia, y al mismo tiempo inevitable para el crimen y la intriga."
He aquí, sucintamente, la base "teórica" del gobierno revolucionario. Lenin bebió de ella, y tomó el poder con los palabras del autor de este discurso en la mano.
No sabría decir si Fidel Castro tuvo la misma minuciosidad intelectual de Lenin, pero en la práctica utilizó lo mismo, incluyendo el martilleo de términos precisos como el de "gobierno revolucionario".
El autor del discurso es Maximilien de Robespierre, en el 5 Nivôse del An II, el 25 de diciembre de 1793.
domingo 5 de julio de 2009
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3 comentarios:
La revolución se acaba en el mismo momento en que se instaura el gobierno revolucionario.
Exacto. Y si, las revoluciones son puntuales, y las dictaduras tienen como objetivo perdurar en el tiempo y afianzarse en el poder. Cambiando unas palabras del discurso pareceria que se trata de una de esas letanias de loco a las cuales Castro 1.0 era tan aficionado.
Muy oportuno este artículo, ahora que la palabra revolución está tan de moda como sinónimo de Democracia. Ponemos link en Nobama.
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