Publicado por Buchet Chastel (Francia) en 2007, y recientemente traducido al alemán ( "Che Guevara: die andere Seite", Wolbern Verlag), "La cara oculta del Che", de Jacobo Machover, es como bien señalaba un comentarista en este blog, un libro imprescindible.
No es una biografía del Che, sino una radiografía de su verdadera personalidad -cierto que compleja, como revela Machover con particular agudeza psicológica- , de sus móviles y aparentes contradicciones (pues en realidad era un ser de una sola pieza, la de la violencia, el odio y la muerte, la de los demás y la suya propia), cuya manipulación por parte de la "izquierda global" y de todos los anti-norteamericanos de este mundo, uníos, asi como un "desconocimiento" de lo que hizo y dijo, ha hecho de él ese mito oprobioso y fetiché.
Es la cara que maliciosamente se ha ocultado del argentino, porque, como aduciría Machover, el Che no ocultó nada. Dijo, escribió e hizo, en lo que se ha basado el autor (y también en los testimonios de varios de sus colaboradores) para desmenuzar este cadáver que nada tiene de exquisito.
"Hemos fusilado, fusilamos, y continuaremos fusilando", profirió. Fue la apología de las ejecuciones, en el discurso en las Naciones Unidas en 1964, quien lo perdió, ya que no estuvo controlado por Castro y varios países latinoamericanos y Estados Unidos habían dirigido críticas a los fusilamientos. "Continuaremos fusilando tanto como haga falta. Nuestra lucha es una lucha a muerte". El sigiloso y ambivalente Castro desde luego no apreció esta declaración de fe por parte del ejecutante de sus órdenes. Meses después, en 1965, salía de Cuba.
El diletantismo del argentino se manifestó no sólo en su improvisación política sino en todo: ni fue un médico, ni un "estratega" militar, ni un teórico. Lo que habrá leído, lo asimiló mal. Sobre el pretendido "poeta", en lo que suele refocilarse cierta parte del mito, ¿cómo podía serlo quién veía en los intelectuales y los escritores a sus enemigos?
Para algo, no obstante, le sirvieron sus estudios de medicina. "Resolví el problema por medio de tirarle en el hemisferio derecho del cerebro una bala de calibre 22, que salió por la sien izquierda. Gimió algunos instantes, luego murió". Fue su primera ejecución, la de Eutimio Guerra. Él mismo se decía "sediento de sangre". La "fría máquina de matar" glorificó a la muerte e hizo de ésta -y de la sangre- un culto.
El episodio del "ajusticiamiento" del perrito es revelador. La mascota de la tropa ladraba en el momento inoportuno. El argentino ordenó matarlo, y luego describe en detalle la agonía del pobre animal. Más tarde, un otro perro se apareció. Entonces el Che sucumbe inusualmente a un rapto de sentimentalismo. "Frente a nosotros, con su mirada dócil, pilla, con una dosis de reproche, aun si mirándonos a través de un otro perro, se encontraba el perrito asesinado". Suele observarse en los asesinos notorios esta compasión por los animales, que no le impidió, sin embargo, matar al infeliz cachorro.
Un capítulo significativo - todos lo son en igual medida- es "Los intelectuales: culpables." ("La culpabilidad de muchos de nuestros intelectuales y artistas es la consecuencia de su pecado original: no son auténticos revolucionarios."), donde Machover subraya que el Che es una creación francesa, vía Sartre en primer lugar: "Pienso, en efecto, que el hombre no fue solamente un intelectual sino el hombre más completo de su época". La capacidad del substrato revolucionario francés, ese su "imaginaire", para producir entelequias nocivas y devastadoras ha continuado siendo fructífera.
A propósito de la utilización de La Cabaña, el templo de la muerte del Che, como sede de la Feria Internacional del Libro de La Habana, Machover trae a colación, ya que el argentino haya fusilado tanto en ese lugar "no le molesta" a la autora, un artículo de la novelista francesa Régine Deforges, titulado "El poeta de La Cabaña" (en L'Humanité): "Si uno debiera, bajo el pretexto que ciertos lugares son portadores de recuerdos sangrientos, dejarlos en el abandono, numerosos edificios de París donde se cometieron crímenes -empezando por el Louvre, la Conciergerie, las plazas públicas donde funcionaba la guillotina, los muros del cementerio Père-Lachaise delante de los cuales se fusilaron a los de la Comuna- deberían ser cerrados al público". Es casi la misma lógica "franco-cubana" la que aquí transluce, aun si habría que obviar, desde luego, el mayor tiempo transcurrido entre la Revolución francesa y el presente, con respecto a la todavía contemporaneidad lacerante, porque no está resuelta, de la soi-disant Revolución cubana. (Permitáseme acotar personalmente que no hace falta que me cierren la Conciergerie: ahí yo no entro; y cada vez que paso por la plaza de la Concorde o la del Hôtel de Ville, un epicentro, me recorren los escalofríos.)
Machover precisa cómo el Che invitaba a presenciar las ejecuciones, cual fiesta innombrable, a los intelectuales europeos que lo visitaban. ¿Qué oscuro pacto de sangre compartían?
Clarividente por la ancestral conexión que establece, con la del en este caso "substrato hispánico", con su cohorte de entuertos, cuando Machover relaciona a la epopeya del Che en Bolivia con la de Lope de Aguirre en su búsqueda de Eldorado. Dos alucinados. "Ahora, decía Lope de Aguirre, yo creo firmemente, muy excelente Rey y señor, que para mí y mis compañeros usted no ha sido siempre sino un tirano cruel e ingrato". Lo mismo le podían decir el Che y compañía, abandonados en medio de la jungla boliviana, a Castro.
"Pero, ¿cómo se ha podido ver en un hombre que destilaba el odio por todos sus poros un símbolo de la redención, prácticamente una resurrección de Cristo sobre la tierra?", pregunta Machover. La respuesta la daría el propio argentino, en carta a su madre: "Yo no soy ni un Cristo ni un filósofo, yo soy incluso todo lo contrario de Cristo. Yo lucho por mis convicciones con todas las armas que dispongo y trato de matar a quien se encuentra frente a mí para no finalizar enclavado en la cruz o en otra parte". Desafortunadamente para él ("No me maten, soy el Che Guevara, valgo más vivo que muerto"), Castro calculó que mejor era el crucificarlo, en vez de desembarazarse tan sólo de él. Pero, como Aguirre, Guevara no lo comprende sino al final. Sin embargo, la pulsión de muerte del Che lo habría de conducir inexorablemente a su "sacrificio" personal. Es esta tensión entre la muerte que preconizaba de todos los otros "que se encuentran frente a mí", incluso la de un perrito, y la suya propia, la muerte en todos los niveles, la que Machover ilumina en tanto clave para entender la subsiguiente deificación del Che como "mártir", instrumentalización avizorada y efectuada por un jugador más aventajado, el señor y maestro del Che: Castro.
Concluye Machover:
"Su sacrificio último fue deseado por Castro y aceptado por él mismo, como expiación de numerosas faltas políticas (reales o supuestas) respecto de su jefe venerado, cuyo objetivo principal era perpetuarse en el poder el más largo tiempo posible.
Che Guevara y Fidel Castro son las dos caras de una misma moneda: la de una utopía sangrienta. Su poder de seducción se basa sino en la infinita capacidad de ceguera de sus numerosos simpatizantes, quienes nunca han querido inclinarse demasiado cerca sobre los cadáveres abandonados en la ruta por estos revolucionarios implacables."
Este libro, además de imprescindible, debe ser definitivo.
8 comentarios:
Parece que esta volao el libro. Esperare por la traduccion al ingles o al espanol. Saludos.
Decididamente tengo que comprar el libro. Ya esta traducido al espanol o al ingles? Dejame saber querida Queen, porque voy a comprar varios ejemplares. Hay un par de gente a las que tengo que ponerselo en las manos. Gracias por esta presentacion, tan apasionada y tan coherente.
Totalmente de acuerdo, ese es el Che que conocí en los años 60, insisto en que los más jóvenes, deben leer el libro de Machover.
Saludos
Kuka
Un excelente libro, muy bueno que se haya editado en Alemania, y ahora habrá otro lanzamiento seguro cuando salga la película horrenda de Benicio del Toro. Gracias por el post y a Jacobo Machover por el libro. Niobe.
Sí, Ernesto, está volaísimo. Muchos saludos. Pronto sale en español.
Eufrates!, muchas gracias. Me imagino que tendrás que comprar varios ejemplares.
Gracias, Kuka, muchos saludos. Siempre es un placer leerte.
Niobe, gracias a tí!
Isis,
la famosa frase del Che sobre los fusilamientos en la ONU, no es ni original del Che. Esa frase es original de Iosif Stalin cuando Lady Astor le pregunto porque se fusilaba a tanta gente en la URSS durante una visita que hizo a ese pais.
El Sr. Guevara era tambien un gran admirador de Stalin y hasta firmo algunos articulos con ese nombre.
Agustín, sí, desde luego, era un gran admirador de Stalin.
La reseña es excelente; pero creo que la factoría CheDonald's o MacGuevara (como dice la canción de K. Johanssen) sigue su curso creando más y más seguidores de un mal llamado "ideal". Pueden más los tópicos tan manidos y repetidos que la información per se.
Saludos desde el caribe granadino
Paco
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