
Muy pocas veces, raras, al menos en mi caso, suelo leer una novela de 437 páginas, como R.U.Y de César Reynel Aguilera, escritor cubano nacido en La Habana en 1963, residente en Montreal, Canadá (y de quien tenemos la gran suerte de leer sus artículos en Penúltimos días), no voy a decir de un tirón, no sólo porque es un lugar común sino porque no suele ser cierto: la leí en tres o cuatro días, en lo que el tiempo permite, desde luego, pero con la sensación de que continuar su lectura me era indispensable, y más aún, que volver a ella en una trascendencia otra de sus personajes, es ineludible, como si un mundo nuevo se hubiese creado a partir de R.U.Y. Aguilera lo promete.
No se trata de la consabida pericia narrativa y la facilidad para que la "intriga" nos aprisione y compulse a la lectura, aun si naturalmente está presente. Hay un gran hálito que la recorre, la define y la impulsa. Como si uno quisiera ser ese hálito mismo, es por ello que atrapa y me quedé "con ganas de más".
Además, para que una novela de esa cantidad de páginas presente tal coherencia en su recepción, tiene que estar edificada como una catedral gótica o una sinfonía de Brahms. La estructura es tan sólida y compleja, como sutil y untuosa. Se desliza, se eleva, se abre, vuelve sobre sí, y al mismo tiempo se impone en su unicidad.
De la otra parte, hay claves en afecto que contribuyen a favorecer el deseo de ese hálito inusitado: es una novela sobre nuestra generación, nacida en la isla en los años 60. Si se estima que uno de los valores de la narrativa es fijar un universo, R.U.Y es esencial para ese nuestro particular, aunque va mucho más allá, alcanzando cualquier otro avatar posible, como sólo los escritores verdaderos logran, incluso sin que se lo propongan.
Y, confieso que desde R.U.Y no soy la misma. El mundo de la relojería de lujo, y muy especialmente de Rolex, es un hilo en la novela. Antes, tan sólo me preocupaba de llevar ese objeto, con tal que diera más o menos bien la hora. Desde R.U.Y no ceso de mirar mi pobre muñeca, y la de los demás.
7 comentarios:
Querida Isis, ardo en deseos de leerla, cuando vengas a París tráemela para leerla. Tu crítica es magnífica, y es cierto que los artículos suyos que leí en PD son muy buenos.
Gracias, Isis, muchas gracias.
César
Isis:
Muy buena reseña.
Comparto tu entusiasmo por R.U.Y. Mi lectura de esta obra fue igual de intensa, igual de inmediata, igual de iluminadora…
Te invito a que pases por aquí (http://belascoainyneptuno.blogspot.com/2008/04/al-csar-lo-que-es-del-csar.html), para más detalles.
A mí también me encantó la novela y me dejó con ganas de más. En realidad me entristeció terminarla...
Gracias, dilecta. La comprare. Soy fanatico de cuanto escribe el correligionario Cesar en PD, de su agudeza y profesionalidad, incluso, hasta cuando no comparto un criterio, porque me hace revalorizar el mio. Gracias a los dos.
Querida Cabezona, prometido.
Kaiser, con qué placer.
Bustrófedon, gracias, me alegro que compartamos. Y yo estoy enganchada con ti blog.
Queseto, como a mí, bienvenido!.
Eufrates !, gracias a tí.
Sí, muchas gracias a todos, de verdad.
César
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